En tiempos en los que la impunidad, la ausencia de verdad, el
favorecimiento a los amigos del régimen, la persecución a sus contradictores y
el acallamiento a cualquier voz disidente o libre pensadora se manifiesta en
detenciones arbitrarias, asesinatos, desapariciones o falsos positivos y en
señalamientos calumniosos del presidente Uribe Vélez contra sus opositores
politicos, tenemos que mantener la entereza y el coraje que la verdad y la
búsqueda de justicia dan a los hombresnobles y justos.
El solo hecho de ser nombrado en un computador que se ha
convertido en la "lámpara de Aladino" de la difamación, se presenta como
evidencia en los medios de contubernio con el terrorismo.
La
Organización Indígena de Antioquia -OIA y el Centro de
Cooperación al Indígena -CECOIN denunciamos los señalamientos del
periódico el tiempo que incriminan a nuestro compañero Héctor Mondragón
con correos del PC de Reyes.
Hay tres cosas que evitar: la ignorancia, la ofensa y la
mentira.
Sabiduría popular
La
Organización Indígena de Antioquia, OIA, y el
Centro de Cooperación al Indígena, CECOIN, rechazamos de forma enérgica el
intento de enlodar el nombre de nuestro compañero Héctor Mondragón,
investigador de CECOIN y asesor destacado de organizaciones indígenas,
afrodescendientes y campesinas, y prevenimos contra cualquier intento de
amalgamar un montaje que trate de dar la idea de que él está vinculado a las
FARC.
A través del señalamiento, con visos de ambiguo pero al mismo
tiempo incriminatorio, que publica el periódico El Tiempo el pasado 29 de
agosto con el nombre de una persona conocida tanto en medios académicos como en
las organizaciones sociales, como es Héctor Mondragón, con el computador de
Raúl Reyes, pone en el tapete los procedimientos ilegales que el Estado
legalmente constituido utiliza para intimidar o hacer objetivo militar de los
grupos paramilitares que subsisten y siguen matando, a quienes no se callan
ante los improperios del gobierno de turno y las leyes y medidas que propician
contra los indígenas o a quiénes defienden el respeto de los derechos de los
demás sectores vulnerables de nuestra sociedad.
En tiempos en los que la impunidad, la ausencia de verdad, el
favorecimiento a los amigos del régimen, la persecución a sus contradictores y
el acallamiento a cualquier voz disidente o libre pensadora se manifiesta en
detenciones arbitrarias, asesinatos, desapariciones o falsos positivos y en
señalamientos calumniosos del presidente Uribe Vélez contra sus opositores
políticos, tenemos que mantener la entereza y el coraje que la verdad y la
búsqueda de justicia dan a los hombres nobles y justos. El solo hecho de ser
nombrado en un computador que se ha convertido en la "lámpara de Aladino" de la
difamación, se presenta como evidencia en los medios de contubernio con el
terrorismo.
Héctor Mondragón ha sido durante muchos años un defensor de los derechos
humanos y colectivos de las organizaciones y comunidades del campo y la selva.
Ha sido perseguido en diferentes formas y amenazado de muerte muchas veces por
ser consecuente con esos derechos y con esa lucha. Tiene un compromiso personal
con la paz y la no violencia. Recientemente ha liderado procesos de oposición a
engendros legales como el Estatuto de Desarrollo Rural, El TLC, la Ley Forestal, todas
normas impulsadas por el Gobierno Nacional y que tienen un claro propósito de
legalizar el despojo de los territorios realizados por los actores armados, el
arrebatamiento de los recursos a las comunidades, la entrega de territorios a
inversionistas particulares, todo en desmedro de los derechos de los habitantes
más humildes del campo.
Con esta estrategia infame se busca perseguir criminalmente a quienes denuncian
las políticas de exterminio de una elite que tiene un apetito voraz de capital,
también involucrar con la guerrilla y el terrorismo las movilizaciones sociales
y las acciones jurídicas que legítimamente ejercen comunidades y organizaciones
que buscan hacer valer sus derechos.
Héctor que le ha dado la oportunidad a la justicia y a la sociedad colombiana e
internacional de conocer la realidad no oficial que golpea, asedia y amenaza a
campesinos, indígenas, afrocolombianos y desplazados. Todos ellos expulsados,
engañados o despojados de sus tierras. Ha tenido toda su vida una posición
clarísima sobre el derecho de los pueblos a la movilización, a la resistencia,
a la libre determinación y a la lucha social para que éstos sean una realidad.
Nadie puede vincularlo con la acción armada, a menos que acuda a la mentira y
la falsedad; no es casual que quien pretenda vincularlo sea un gobierno que
hasta engaña a la comunidad internacional.
Demandamos de la comunidad nacional e internacional y a todos los Estados
amigos se interpele al actual gobierno para que respete la honra y el buen
nombre de los ciudadanos y las organizaciones comprometidas con la justicia y
el bienestar de los colombianos, que cese la persecución, los falsos positivos
y los señalamientos amañados de las fuerzas armadas y organismos al servicio
del régimen, que permitan que la democracia prospere y no sea sometida a la
voluntad personal del presidente. Exigimos que se rectifiquen los señalamientos
en contra del académico Héctor Mondragón, creemos y damos fe sobre la
honestidad, transparencia y compromiso de su trabajo en favor de la sociedad
colombiana.
CECOIN y la OIA
manifestamos nuestro total rechazo a cualquier señalamiento o montaje que
acuse a Héctor o cualquier miembro de nuestra Organización de realizar
actividades terroristas. A él y a su familia nuestro apoyo en este difícil
momento. Igualmente, invitamos a las organizaciones indígenas a que lo acompañemos
y respaldemos.
ANTE LAS POLÍTICAS DE EXTERMINIO RESISTENCIA Y VIDA
"No han matado mi cuerpo
pero ahora me amenazan con matar mi palabra, abren mis cicatrices".
Para quienes me conocen
cercanamente, para quienes trabajan a mi lado, es indudable que practico un
compromiso total con la no violencia y que arriesgándolo todo, entregando mi
vida, me dedico a la resistencia civil, en un país donde los intereses de los poderosos
se imponen con violencia y grupos armados creen que se puede derrotar la
violencia con violencia.
Quienes me conocen cercanamente
saben con claridad que no soy de las Farc, porque discrepo de su estrategia, su
línea política y sus métodos.
He discrepado pública y
privadamente desde hace 18 años con la estrategia de las Farc que se centraba y
se centra en el papel de la guerrilla convertida en ejército revolucionario, en
torno al cual el pueblo puede tomar el poder y producir las transformaciones sociales
y coloca en segundo plano la movilización de las masas populares. Esta
concepción se ha demostrado completamente inaplicable a Colombia; incluso,
anteriormente las propias Farc se hicieron más fuertes que otras organizaciones
que confiaban prioritariamente en la acción militar y luego por razones que
probablemente tienen que ver con la forma como fue masacrada la Unión
Patriótica, las Farc pasaron a subestimar las luchas masivas del pueblo y se
dedicaron al fortalecimiento militar como principal objetivo. Este error
político se ha convertido en una tragedia para la lucha popular, ha permitido
el fortalecimiento de la extrema derecha que se ha convertido en gobierno y no
solamente ha fracasado en impedir el despojo de las tierras de cientos de miles
de campesinos y afrocolombianos, sino que lo ha acentuado y ahora permite y
hasta provoca el desplazamiento forzado de indígenas en varias regiones del
país.
En la mayoría de Latinoamérica,
son las movilizaciones multitudinarias de las masas las que han comenzado a
provocar cambios y a cuestionar al neolberalismo, la dominación de las
transnacionales y el latifundio. Incluso en un país donde el sector agrario
tiene un peso proporcional mayor, como es Bolivia, las movilizaciones masivas
tienen el papel principal. Se ha visto como allí como en Venezuela, los
sectores sociales en conflicto dirimen sus contradicciones en el terreno de
luchas masivas. En Ecuador las grandes masas han sido las protagonistas, tanto
como en Argentina o en otros países y en cada sitio es el nivel de conciencia
de las masas el que marca el resultado de sus caudalosas movilizaciones. En
Colombia en cambio, el enfrentamiento militar ha sido la cortina tras la cual
la extrema derecha ha podido masacrar el liderazgo sindical y campesino e
imponer así la demolición del derecho laboral y la legalización del despojo de
tierras.
A pesar de la tragedia que
significó el exterminio físico de 3 mil de sus integrantes, la Unión Patriótica
se había ganado el cariño del pueblo. La lucha por un acuerdo de paz
democrática que abriera el paso a grandes expresiones populares, había ganado
el corazón de la gente. Aunque era absurdo seguir exponiendo diariamente a
senadores, representantes, diputados, concejales y líderes a la muerte, no
debía confundirse la necesidad de esconderse de los asesinos y eludir su
acción, con aceptar colocarse en el terreno en que el poder quería, en el
camino de una guerra indefinida. Muchos partidos y movimientos revolucionarios
o democráticos del mundo han tenido que pasar a la clandestinidad más completa
o la semiclandestinidad, sin que por ello hayan pasado a la lucha armada. Han
sido obligados a la clandestinidad pero han mantenido una acción no violenta
centrada en organizar al pueblo y en movilizarlo por sus intereses vitales, que
en ese momento eran para los colombianos detener el avance del neolberalismo,
defender las conquistas laborales y sociales, las empresas del estado y
conquistar una paz democrática.
Los acuerdos de paz de 1991
hubieran podido abrir el paso para que Colombia estuviera hoy en el rumbo de
Latino América. Si esto no fue así se debió en parte a inconsecuencias de
algunos de quienes los firmaron y al hecho de que algunos de ellos dejaron de
luchar por el cambio social, pero se debió sobre todo a que el proceso no se
continuó con acuerdos con las dos guerrillas más grandes, las Farc y el Eln. En
negociaciones que se celebraron en Caracas parecía que había caminos de
acuerdos, pero se frustraron. Aunque es obvio que la derecha, especialmente el
latifundio, la narcopolítica y ciertos círculos transnacionales sabían que no
les convenía para nada ese acuerdo y se dedicaron a impedirlo con el estímulo
al paramilitarsmo y sus asesinatos y masacres, también es cierto que esas dos
guerrillas no tenían una estrategia congruente con la búsqueda de acuerdos de
paz, que les permitiera visionar la importancia decisiva de grandes
movilizaciones de masas como verdadero eje de los cambios que necesitamos.
Esa concepción errada de las
guerrillas produjo otros errores graves. La subestimación de las masas, su
conciencia y su lucha llevó a las Farc a justificar y utilizar formas de guerra
que golpearon al propio pueblo, como el uso de cilindros explosivos en centros
poblados, contra el cual escribí hace unos años el artículo “Toribío atacado”.
El uso de rehenes civiles que años antes las propias Farc consideraran un
método equivocado de lucha se convirtió en táctica central de las Farc, al
extremo que un frente de las Farc llegó a desplazar a grupos indígenas Nukak
para mantener unos secuestros. Desde hace varios años se registra que algunos
de los asesinatos de líderes queridos por la gente o de activistas esforzados
resultan siendo cometidos por las Farc y entonces en varios casos esos líderes
y activistas ya no deben temer solamente a los paramilitares o a los poderes
constituidos, sino a las Farc, lo cual ha afectado especialmente al movimiento
indígena. ¿Cómo no va a rechazar la mayoría del pueblo estas actuaciones de las
Farc? Esto que escribo aquí lo he dicho todos los días y en la medida que
trabajo en las regiones con los indígenas y los campesinos he tratado de que se
oiga, para ver si se produce un cambio en esas actuaciones, pero aunque a veces
se atiende los reclamos de los indígenas, los problemas se repiten debido a las
concepciones erradas que los causan.
Hago en primer lugar estas
consideraciones estrictamente políticas, para resumir muy sintéticamente mi
análisis sostenido y profundizado durante 18 años, sin que para ello tenga que
acudir a mis compromisos personales de vida con la no violencia, que aunque son
también esencialmente políticos, no tienen por qué ser compartidos por quienes
no comparten una fe y consideran que es válido hacer uso del derecho a
defenderse de la violencia con violencia, ya que incluso jurídicamente actuar
violentamente “en defensa propia” puede tener validez. Las guerrillas surgieron
como defensa campesina frente a los asesinatos y masacres perpetrados por
agentes del estado y los latifundistas, los paramilitares fueron constituidos con
el pretexto de combatir la violencia de la guerrilla. El país se ha sumido en
la cadena de las violencias y de ello se aprovechan los intereses creados, los
gamonales políticos, las mafias y en especial el capital transnacional que va
logrando imponer una legislación a su favor.
Desde 1994 opté por un compromiso
personal con la no violencia como camino a seguir para contribuir al cambio
radical de la sociedad y de las relaciones sociales. Renuncié bajo cualquier
circunstancia a usar las armas para mi defensa y a propiciar su uso para la
defensa de otros. Me deshice de dos revólveres de los que legalmente me doté
cuando fui amenazado de muerte y se intentó asesinarme por pertenecer a la
Unión Patriótica, renuncié a tener escoltas porque no quiero salvar mi vida a
costa de la de otros. Terminé renunciando a cualquier rutina y a varias
posibilidades laborales para evitar ser asesinado sin acudir a ningún arma.
Creo desde entonces que la lucha radical por el cambio de social debe estar
acompañada por el cambio radical de los métodos, por la renuncia completa a
cualquier lucha armada, de manera que no solamente podamos decir que el fin no
justifica los métodos, sino que el método radical de la no violencia sí puede
conducirnos a lograr el fin de un cambio social realmente radical.
Como es público, es así como
mantuve mi compromiso de lucha por un cambio social radical, que como enseña
Carlos Gaviria, consiste en ir a la raíz y no creer que con maquillajes se
pueden cambiar las cosas. No se trata de un cambio de gobierno para que la
corrupción de la derecha sea reemplazada por otra. No se trata de un cambio de
roscas, para que nuestros amigos gobiernen en vez de nuestros enemigos,
demostrando “gobernabilidad”, pero sin tomar medidas esenciales a favor del 80%
más pobre. Colombia necesita cambios de fondo, en primer lugar en cuanto se
refiere a la tierra y a las relaciones con las transnacionales. Y único el
camino para lograrlos es desplegar la más amplia resistencia civil, la
construcción de alternativas desde la base y la movilización civil masiva y
decidida. Absolutamente todo lo que he hecho durante estos años, todos los
días, es transitar por este camino en la medida de mis fuerzas y mi
experiencia.
Estoy desde luego herido por las
huellas de la tortura que sufrí en 1977 y también por 20 años de estar
amenazado de muerte y perseguido por los sicarios. A veces pierdo la esperanza,
especialmente cuando sé que alguno de mis amigos ha sido asesinado, entonces me
pregunto por qué sigo acompañando la lucha de los indígenas y campesinos, por
qué no renuncio. Pero nuevamente se enciende en mí la pasión por la gente que
amo y que sé que tiene derecho a una vida digna, la pasión por unas relaciones
sociales basadas en la solidaridad. No han matado mi cuerpo pero ahora me amenazan
con matar mi palabra, abren mis cicatrices. Pero la palabra es semilla y está
sembrada y sea lo que sea lo que nos hagan en cada campesino con su tierra, en
los indígenas gestionando su territorio, en los afrocolombianos retornados a
sus comunidades, en los habitantes de los barrios populares de las ciudades que
podrán comer mejor después de la reforma agraria que al fin conquistarán, en
cada familia de los asalariados que reciban al fin justicia para su trabajo,
allí vivirá esa palabra y no la podrán matar.
Durante 516 años de resistencia
en las Américas ha estado planteado el problema de la dominación de los pueblos
indígenas por los poderes y modelos económicos impuestos mediante las armas y
el colonialismo. Ahora, como cuando Tupac Amaruc se levantó contra los
españoles, los pueblos indígenas del continente vuelven a levantar por todos
lados alternativas para liberarse de la opresión de siglos, del despojo de sus
territorios.
Es el resultado de años de lucha
y organización lo que ha permitido una presencia pública y una acción política
de los indígenas y de sus propuestas, las cuales han tratado de plasmar en
leyes y constituciones nacionales y, finalmente, en la legislación
internacional.
Los Convenios 107 y 169 de la
Organización Internacional del Trabajo (OIT) significaron importantes pasos en
el establecimiento internacional de una nueva normatividad que al fin
reconociera los derechos fundamentales de los pueblos indígenas, y que sirviera
de marco para las innovaciones constitucionales que en cada país abrían paso a
ese reconocimiento, como fue el caso de lo dispuesto por la Constitución de
1991 sobre los pueblos indígenas de Colombia.
Pero la reacción del
establecimiento y los intereses creados contra el reconocimiento de los
derechos indígenas se ha entrelazado con la política del capital transnacional,
ansioso de modificar la normatividad mundial en un sentido totalmente
contrario, para reconocer los "derechos" de los inversionistas, del capital, es
decir, de las propias transnacionales.
Una nueva constitución mundial
que pone los derechos de las transnacionales por encima de los derechos humanos
y de los derechoscolectivos se fragua
mediante los llamados tratados "de libre comercio", las normas de la
Organización Mundial de Comercio (OMC), y mediante numerosas leyes forestales, rurales,
de tierras, de aguas, de minas, de petróleos, de "seguridad jurídica", de arbitraje
internacional y de propiedad intelectual, leyes que son como contratos de adhesión
a manera de formularios a los que simplemente se les llenan algunos datos propios
del país dominado en que se van aprobando.
El establecimiento de los
"derechos de los inversionistas" significa desde luego, otra vez, desconocer
los derechos colectivos de los pueblos indígenas. El capital choca contra ellos
y quiere despejar el camino. Otra vez una frondosa ideología se levanta para denigrar
a los indios. El sociólogo por muchos años asesor del gobierno de Estados Unidos,
Samuel Huntington, en su libro ¿Quiénes somos?, asume la cultura anglosajona como
superior, y la identifica, con el individualismo en la medida que la ve
amenazada por las culturas que enfatizan en los derechos colectivos. Según
Huntington lo indígena, como cuna de los derechos colectivos, sería el
fundamento del atraso latinoamericano. El ex presidente español José María
Aznar, en su infome "América Latina, una agenda de libertad", considera que el
"indigenismo" es un "camino que se aleja de las sociedades abiertas, libres y
prósperas", porque sustituye el concepto de ciudadano de una república por el
de miembro de una comunidad étnica".
La versión criolla del mismo
racismo la sublima el peruano Mario Vargas Llosa atacando al supuesto
fundamentalismo indígena al que sindica de "Talibán", para colocarlo a la
altura de los peores enemigos de la civilización, los terroristas. Considera las
reivindicaciones indígenas como "utopía arcaica" colectivista y contrapuesta a
los
derechos individuales. Vargas
Llosa presupone la superioridad de la otra cultura, la individualista, quiere
imponer el neoliberalismo como bien supremo de la humanidad.
A la nueva catarata ideológica
contra la lucha de los pueblos indígenas se suman las iniciativas legislativas,
como el Estatuto Rural en Colombia, los estatutos departamentales autonómicos
en Bolivia, el Decreto Legislativo 1015 en Perú, que facilita la disolución de
las comunidades andinas y amazónicas.
Más grave aún son los hechos de
fuerza contra los pueblos indígenas: los asesinatos de indígenas en la Amazonia
brasilera; el encarcelamiento de mapuches en Chile; la represión en Oaxaca y
Chiapas, en México; las masivas agresiones racistas de la Unión Juvenil
Cruceñista y otros grupos fascistas en Bolivia, y las humillaciones públicas masivas
a los indígenas como la ocurrida en la ciudad de Sucre; los ataques de los terratenientes
zulianos contra los indígenas yukpa en Venezuela; el aumento de las violaciones
de los derechos humanos de los indígenas durante los últimos años en Colombia,
y las órdenes del presidente Uribe de pagar recompensas por los indígenas que liberan
la madre Tierra y de detener a los senadores partidarios de su causa.
Los indígenas no se amilanan por
la contraofensiva racista que quiere garantizar la nueva conquista
transnacional. Ellos mantienen la iniciativa.
En Ecuador han logrado su objetivo
de años, la convocatoria de la Asamblea Constituyente donde se consagre el
carácter plurinacional del Estado, y confrontan en este momento al gobierno
para exigir que en la Constitución se plasme el derecho a exigir que solamente
se exploten los recursos naturales de sus territorios cuando ello cuente con su
consentimiento previo, libre e informado, y no se lesione su integridad. Obviamente,
los poderosos intereses de las petroleras quieren trancar la lucha de las nacionalidades
indígenas.
En Bolivia la Constituyente ha
aprobado un texto que consagra el carácter plurinacional del país, y los
derechos fundamentales de los pueblos indígenas y los campesinos. Actualmente
en Bolivia se libra una batalla decisiva por lograr que esa Constitución entre
en vigencia y se abra el paso a un cambio real en ese país.
En Venezuela, después de años de
invisibilización, y tras lograr que la Constitución les reconociera derechos
fundamentales, los indígenas luchan por la demarcación de sus territorios,
contra los apetitos de las empresas mineras.
El discurso neoliberal y los
promotores y extensionistas al servicio de las transnacionales tratan de
contener las aspiraciones de los pueblos indígenas, asegurándoles que quieren
hacerlos partícipes a ellos y a sus territorios de los "beneficios del
desarrollo económico". Anuncian el supuesto papel redentor del mercado, la
carretera, la explotación forestal, la mina, el pozo petrolero o la
agroindustria. Pocas veces los indígenas salen bien librados en su integridad
cultural, social y económica, y también los resultados ambientales suelen ser
funestos. Durante el proceso, la mayoría son despojados de sus tierras y aguas;
convertidos en mano de obra barata o migrantes internacionales. Sólo
excepcionalmente un indio se convierte en empresario, y en cambio la mayoría
participa en el desarrollo en calidad de empobrecido, despojado, cuyo
territorio es desarrollado mediante la inversión.
Objetiva e históricamente
enfrentados a la concepción desarrollista los pueblos indígenas se han
manifestado como sujetos del derecho a la diversidad étnica y cultural, como
gestores de sus propios planes de vida, que deciden sus prioridades. Exigen reconocer
el proyecto de vida propio de cada pueblo indígena, con cosmovisión,
espiritualidad, organización, objetivos, prioridades, decisiones y alternativas
propias, dispuestos a la interculturalidad, pero en términos simétricos y no
asimétricos, opresivos; dispuestos a concertar pero a la vez a rechazar
cualquier imposición.
La aspiración de los pueblos
indígenas a la autonomía se basa en el proyecto de cada pueblo, luego no se
pueden someter a una nueva forma de subordinación etnocentrista que supedite
los derechos indígenas al sometimiento a proyectos externos, sino que se trata
de que cada pueblo, además de gestionar sus propios asuntos de acuerdo con su
cultura y mediante sus autoridades propias, exprese su "consentimiento previo libre
e informado" sobre todos y cada uno de los proyectos o planes de desarrollo que
tengan que ver directamente con su territorio y su vida.
La principal razón por la que el
colombiano fue el único gobierno latinoamericano que no votó a favor de la
"Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos
indígenas" aprobada por la Asamblea General de la ONU el 13 de septiembre 2007,
es lo dispuesto en el numeral 2 de su artículo 32:
Los Estados celebrarán consultas y
cooperarán de buena fe con los pueblos indígenas interesados por conducto de
sus propias instituciones representativas a fin de obtener su consentimiento
libre e informado antes de aprobar cualquier proyecto que afecte a sus tierras
o territorios y otros recursos, particularmente en relación con el desarrollo,
la utilización o la explotación de recursos minerales, hídricos o de otro tipo.
El consentimiento libre e
informado de los pueblos indígenas es lo que el gobierno de Álvaro Uribe Vélez
no puede tolerar, y es exigido en siete artículos por la declaración, entre
ellos el 19 que se refiere a las medidas administrativas o legislativas que los
afecten.
¿Quién preguntó a las comunidades
directamente afectadas por el Plan Puebla Panamá (PPP) o la Integración de la
Infraestructura Regional de Suramérica (IIRSA)? Nadie. ¿Quién les ha preguntado
si están de acuerdo o no con la expansión de las plantaciones de caña de azúcar
y palma aceitera para el negocio de los agrocombustibles? ¿Quién les pregunta
si les convienen o no, o si aceptan que los aplasten las hidroeléctricas, los
pozos petroleros, las minas y las grandes carreteras? Nadie.
Consideradas las sociedades y los
países como multiétnicos y pluriculturales, la diversidad se asume como una
riqueza y como un derecho exigible. Las relaciones de respeto intercultural
exigen concertación y consenso. Se trata de sustituir una interculturalidad asimétrica,
dominadora, por una interculturalidad de consentimientos mutuos y prioridades
consensuadas.
Esta visión no elimina el
conflicto, sino que permite resolverlo en términos de construcción social. El
conflicto es tan constitutivo del vínculo social como la interdependencia misma,
la erradicación de los conflictos y su
disolución en una cálida convivencia no es una meta alcanzable, ni deseable (...)
es preciso, por el contrario, construir un espacio social y legal en el cual
los conflictos puedan manifestarse y desarrollarse, sin que la oposición al
otro conduzca a la supresión al otro, matándolo, reduciéndolo a la impotencia o
silenciándolo (...) una sociedad mejor es una sociedad capaz de tener mejores
conflictos. De reconocerlos y de contenerlos. De vivir no a pesar de ellos,
sino productiva e inteligentemente en ellos. Que sólo un pueblo escéptico sobre
la fiesta de la guerra, maduro para el conflicto, es un pueblo maduro para la
paz[1].
El sistema jurídico y la práctica
de un Estado democrático se sustentan en el carácter efectivamente conflictivo
de la sociedad. No hay democracia ni convivencia simétrica y equitativa, cuando
la idea de la colaboración obligatoria reemplaza a la de la aceptación del
conflicto y a la concertación institucional de soluciones alternativas. Se trata
de construir una nueva interculturalidad, en la cual las diferencias se
concierten a través de diálogo de verdades compartidas cuya tensión es una
riqueza mantener. El reconocimiento de todos los territorios indígenas como
entidades territoriales de la República, la consulta previa y el requisito del
consentimiento libre e informado de los pueblos y las comunidades indígenas es
el espacio adecuado para comenzar unas nuevas relaciones interculturales. La
reciente sentencia C-030 de 2008 de la Corte Constitucional, que declaró
inconstitucional la Ley Forestal por ausencia de consulta previa a los pueblos
indígenas y comunidades afrocolombianas, puede ser un punto de referencia para
comenzar.
[1][1]Zuleta Estanislao (1989). "Sobre la guerra, esa
borrachera colectiva". En Elogio a la dificultad y otros ensayos. Cali,
Fundación Estanislao Zuleta, 2001, p. 73.
El
Observatorio Indígena de Políticas Públicas y Derechos Étnicos, es el proyecto
estratégico de CECOIN. A través de acciones investigativas y formativas
pretende hacer seguimiento y análisis al ejercicio de los derechos de los
pueblos indígenas en Colombia. Hace dos años el Observatorio comenzó a difundir
el producto de su trabajo con la publicación "Violencia Política Contra
los Pueblos Indígenas 1974 - 2004". Esta publicación sistematizó un
trabajo dispendioso de recolección de información sobre las vulneraciones de
los derechos civiles y políticos de los pueblos indígenas y las infracciones al
derecho internacional humanitario en sus territorios.
El seguimiento en materia de
derechos civiles y políticos ha continuado y a través de diferentes fuentes
confiables se ha mantenido actualizada la base de datos. No obstante,
convencidos de que el ejercicio de los derechos es de carácter integral y que
tratándose de comunidades diferenciadas étnicamente la lectura de los mismos
debe tener un marco de análisis intercultural, el Observatorio decidió que era
necesario difundir el trabajo que se viene realizando en materia de seguimiento
a los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales y por eso en el
último año las publicaciones del Observatorio, salvo la de "Experiencias de Paz
y Resistencia", se han concentrado en la temática de los DESC y los impactos
del modelo económico globalizador de mercado en el ejercicio de los mismos.
En esta oportunidad
presentamos en medio magnético la publicación "Indígenas sin Derechos:
Situación de los Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas". El texto contiene nueve
capítulos, todos elaborados por diferentes autores. Los artículos son variados,
comienza con un análisis crítico de los modelos teóricos de políticas públicas
construidos desde los enfoques positivos, racionales y conductuales
provenientes de la Escuela
de Chicago y su errónea aplicación en políticas dirigidas a grupos étnicos, continua con un análisis de los desarrollos del
sistema internacional en materia de DESC, luego una crítica a los modelos de
bienestar que esconden un soterrado racismo al lado de dos capítulos que
cuestionan el pobre desarrollo de datos estadísticos por parte del Estado
frente a la población indígena. Los siguientes tres capítulos desarrollan un
estado del arte sobre la información que se ha producido en el país sobre los
derechos a la salud, la educación y el territorio, la cual esbastante precaria, sobre todo en
instituciones del Gobierno que tienen poca información, sin una perspectiva
diferenciada. El último capítulo corrobora las hipótesis de los anteriores con
tres estudios de casos realizados desde la Mesa Pueblos Indígenas y DESC.
En la perspectiva de las
investigaciones sobre los impactos del modelo económico en los pueblos
indígenas, también presentamos la publicación "TLC y Pueblos Indígenas". Esta
publicación se divide en tres partes. La primera, contiene tres capítulos que
hacen una reflexión crítica sobre el modelo neoliberal y de apertura de mercado
en relación con los impactos en pueblos indígenas. La segunda, describe los
impactos y los riesgos efectivos que trae el TLC negociado con entre Colombia y
EEUU, tanto en comunidades indígenas como en el resto del país rural, en
materias como el territorio, la biodiversidad, el sacrificio de la autonomía,
entre otros. Y la última parte, desarrolla dos artículos que relatan la
experiencia negativa del Tratado de Libre Comercio del Norte de América y sus
efectos negativos en sobre la población más pobre, después de más de 14 años de
vigencia del mismo.
Finalmente, también ponemos a
disposición en nuestra página web la Revista
Etnias y Política No. 6 que trae contenidos de actualidad
sobre el movimiento indígena nacional.
En
este número de la revista encontrarán artículos degran relevancia entre los que se citan:
Empresas mineras en zonas indígenas del departamento del cauca: amenazas y
oportunidades, Derecho al territorio y desterritorialización de los pueblos indígenas
de la Sierra Nevada
de Santa Marta y Amenazas de la
Ley de Desarrollo Rural al derecho territorial de los pueblos
indígenas, entre otros.
Concientes de que nuestros productos editoriales deben cumplir una
función social y política de cara al contexto nacional y en particular al que
viven las comunidades étnicas y rurales, nuestra línea editorial no puede
entramparse en disquisiciones intelectuales que no aporten a la movilización
social ni al ejercicio de los derechos. Por eso consideramos que es necesario
habilitar páginas que generen análisis y debate sobre la forma en qué los
movimientos sociales están construyendo su acción política para el ejercicio de
sus derechos y cómo los partidos que dicen representarlos generan la plataforma
de interlocución con el Estado.
La Organización Nacional Indígena de Colombia (ONIC) acaba de cumplir25 años. Estas celebraciones suelen adornarse
de un convencionalismo que no permite ver la realidad y la disfraza con el
manto del conformismo, acaso lo sea, por ejemplo, decir la obviedad de que el
principal logro de este cuarto de siglo sea la existencia misma de la ONIC, en lo que nadie podrá
manifestar desacuerdo. Pero no se trata de esto. Para etnias & política, en su edición número 5,es,
sin duda, una buena ocasión para reflexionar sin consideraciones subalternas
sobre la situación del movimiento indígena.
La recuperación de la
tierra posibilitó el único proceso real de reforma agraria en la historia de
Colombia, sin embargo, hoy confiamos más en lo que los representantes indígenas
puedan hacer en los cuerpos colegiados o ante las autoridades. Lo segundo, fue
la inversión de las prioridades. No están los representantes políticos al
servicio de los pueblos y sus luchas sino que éstas y los pueblos deben servir
a las necesidades de los representantes políticos. Este tiempo ha sido la gran
fiesta del afán de figuración, de los apetitos particulares, de las ganas
desmesuradas del éxito electoral.
Para su edición No.5etnias & políticas hainvitado a diferentes colaboradores indígenas y no indígenas a aportar sus
reflexiones desde su experiencia.La
invitación fue amplia y respetuosa con la historia del movimiento. Agradecemos
el aporte al debate tanto a modo de entrevista, como respondiendo el
cuestionario que les hicimos llegar; lamentamos las ausencias deliberadas y las
respetamos.
Aprovechamos
la ocasión para también presentar en medio virtual la sistematización titulada Paz y Resistencia: experiencias indígenas
desde la autonomía. Este texto
tiene la intención de divulgar aquellas estrategias de paz que fueron
analizadas durante 2006 y parte de 2007 por un grupo de investigadores
indígenas y no indígenas, con participación de las comunidades que han hecho
parte de tales experiencias, y con el objetivo de fortalecerlas a partir de la
reflexión con las comunidades. Hubo sin embargo una pregunta que rodeó el
trabajo, surgida de las preocupaciones de las organizaciones indígenas
planteadas en el congreso de Cota en 2001: ¿Existe una propuesta de paz de los
pueblos indígenas a la sociedad nacional?
El
texto básicamente se centra en cinco experiencias bien sea de paz, de autonomía
o resistencia, en todo caso son cinco experiencias que muestran las posturas de
las organizaciones indígenas en diferentes niveles frente al conflicto armado
en que se han visto inmersas, posturas que han generado debate y acuerdos con
los actores armados y el propio Estado. Las experiencias escogidas son: La
guardia indígena de Caldono, la guardia indígena de los resguardos de la zona
centro del Cauca, los acuerdos de paz entre la comunidad Nasa de Gaitania y las
FARC, la estrategia de interlocución de las comunidades indígenas de Antioquia
y el Consejo Nacional Indígena de Paz, Conip.
Ponemos
a disposición de todo el público interesado éstas dos publicaciones en nuestra
página web, éstas ya vienen circulando en medio físico por diferentes vías.
Esperamos que este material sirva para habilitar debates y no para generar
exclusiones o estigmatizaciones.